ECUADOR / Wilson Morales / AGARESO- Son las 8:00 en punto de la mañana como cualquier otro día aquí en la Fundación MCCH, apenas cierro la puerta de mi auto el guardia llama mi atención comunicándome que la Dirección Ejecutiva requiere unas fotografías de la gente que se encuentra escogiendo fréjol en el área de Embalaje que está situado en la parte trasera de nuestras oficinas. Yá con mi cámara cargada voy en dirección de mi objetivo pero apenas empiezo a caminar siento en el ambiente un aroma con sabor a dulce, la curiosidad prevalece y con paso seguro me dirijo a la puerta que dá al laboratorio. Allí, en medio de una espesa nube de vapor alcanzo a divisar 4 mujeres y 3 hombres todos ellos con su indumentaria de trabajo que entre risas y contagiados por un ritmo tropical habían iniciado sus labores muy tempranamente, entre ellos destaca la sencillez de José Ernesto Toaquiza, nacido en Quito, vive en el barrio Santa Rita junto a su esposa y dos hijitas, la primera de 2 años y la segunda de 6 meses, con 20 años en su vida nos narra su experiencia haciendo mermeladas.
“Fue mi hermana Mariana quien me dijo hace 15 días atrás que había trabajo pero temporal” ella ya había prestado sus servicios aquí anteriormente “No lo pensé dos veces, a la mañana siguiente me levante muy temprano para hacerme presente en el trabajo” comenta lleno de entusiasmo “Entre todos hemos hecho varios sabores: fresa, mora, guayaba-maracuya y esta ultima de guayaba”. Hay tanta seguridad en sus palabras que no duda en utilizar un refractómetro, medir el brix y saber el estado en que se encuentra su mermelada. “yo trabajo de cochero… prosigue… allá en el Mercado Mayorista y no es tan bueno como aquí, con lo que gano en este trabajo mi familia y yo estamos felices nos alcanza para comer bien y comprar algunas cositas” La temperatura y el vapor que emanan de la olla en su cocción no es un impedimento para trabajar, “yo estoy acostumbrado a todo tipo de trabajo y este me gusta ojala esto no termine, ojala hayan mas pedidos” nos dice, mientras en el lugar se escucha el golpeteo de los cuchillos sobre las bases plásticas donde trocean la fruta, pasan algunas horas, nuevamente mide el brix, y en esta ocasión exclama a viva voz ¡Ya está!. Todas y todos se mueven con mayor rapidez, preparan los frascos, tapas y culminan la faena llenándolos con el dulce néctar, producto de su arduo trabajo. El tiempo ha pasado muy deprisa y en esta parada han obtenido alrededor de 400 frascos de mermelada, mañana continuaran con las mismas labores hasta completar el pedido.
Ernesto es un joven que a estudiado la primaria, con cierta tristeza me cuenta: “Mi madre no pudo sacar adelante a todos nosotros, mi papá murió cuando tenia 2 años, apenas terminé la escuela me dedique a trabajar en todo lo que podía, ahora estoy intentando buscar un colegio donde pueda estudiar, pero no sé donde, quisiera estudiar electricidad siempre me han gustado las carreras técnicas, ojala este trabajo dure más tiempo porque así si podría estudiar”.
Esta experiencia de vida no solo le ha sucedido a Ernesto también le pasó a Pedro, Mariana y quizás a muchos jóvenes que viven en mi ciudad, Ojala tengamos más oportunidades de crecer y creer que podemos vivir con dignidad.
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