AGARESO (Asociación Galega de Reporteiros Solidarios)



Derecho a la vida con copyright

Alberto Quian.


“No estamos para ser simpáticos, estamos para ser eficientes”. Esta sentencia es obra del funesto presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), Teddy Bautista. Y dicho y hecho. No importan las causas ni las consecuencias; el afán recaudatorio lo justifica todo, cualquier cosa, da igual para qué, incluso el cómo; sobre el porqué, mejor ni preocuparse, ¿no es así, Teddy? Al fin y al cabo, 5.629 euros son suficiente motivo para abortar los esfuerzos y la esperanza de unos padres por salvar la vida de su hijo. ¿Qué es prioritario: el derecho a la vida o el derecho de autor? Lo segundo, ¿verdad, Teddy? Por eso, con el manual de la Ley de Propiedad Intelectual sudado bajo el sobaco, uno de tus esbirros cumplió con la legalidad y arrebató al pequeño Juanma, de cinco años, 5.269 euros destinados a tratar su Síndrome de Alexander. Vamos, que estáis hechos unos Robin Hood, pero claro, en esa nueva versión del historiador británico Julian Luxford, profesor de la Universidad de St. Andrews (Escocia), que defiende que el héroe de Sherwood también robaba a los pobres. La eficiencia por encima de la simpatía; las causas románticas, al carajo; y la solidaridad, sólo con quien pague. Asaltasteis a la madre de Juanma para cobrarle vuestro impuesto revolucionario, perdón, vuestros derechos de autor. Calculadora en mano, uno de tus secuaces, Teddy, se fue al hospital donde se encontraba el niño y le comunicó a su madre que si no pagaba no había concierto. Un concierto benéfico en el que cantó David Bisbal el pasado 25 de abril en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar (Almería) sin pedir un euro a cambio. Para eso estaban ya los cobradores del frac de la SGAE. Si Juanma iba a sacar tajada de unas canciones para proteger su derecho a la vida, no lo iba a hacer sin copyright. Así que tu gente, Teddy, hizo que se cumpliese vuestra ley y le cobrasteis el derecho a la vida, por querer aferrarse a ella con música de fondo. Delante del niño le exigisteis a su madre el cheque con el 10% de la recaudación, y como no podían entregarlo en el momento, por estar bloqueadas las cuentas, les pedisteis un aval bancario. Porque aquí, en España, ni dios canta ni entona una melodía sin pagar a la SGAE (¿alguien se ha preocupado por saber si la SGAE cobra a los curas y feligreses por entonar cánticos religiosos en misa?). Quizá por eso, por culpa de la SGAE, Federico Luppi lamentaba en la película “Martín Hache” que “aquí nadie silba por la calle”. Salvo vosotros, Teddy, que silbasteis mirando para otro lado cuando la sociedad española os ha pedido explicaciones por vuestra tropelía. Necesitasteis un tiempo para diseñar una estrategia y vuestra solución fue darle la vuelta a la tortilla: devolver los 5.269 euros a modo de donación para la causa de Juanma. Con dos cojones. ¿Donación o devolución, Teddy?

Pero éste no es un caso aislado. Cada año se celebran en España unos 800 conciertos benéficos. Y a cada uno la SGAE le expolia el 10% de la recaudación. Repasemos algunos: recital benéfico para dotar con un hospital a la ciudad de Binde (Ghana) ofrecido por el barítono Joan Pons y su hija Joana en Ciutadella (Menorca), del que la SAGE recaudó 2.249 euros; festival Entresures  para ayudar a los refugiados saharauis exiliados en Tinduf (Argelia), del que se quedó 3.268 euros; concierto en el Palacio de Vistalegre de Madrid para recaudar fondos para tres asociaciones de ayuda a enfermos (Asociación de Afectados de Neurofibromatosis, Asociación Española contra la Leucodistrofia y Asociación de Esclerosis Tuberculosa), del que la SGAE se enriqueció con 3.324 euros; concierto celebrado en Ordes (A Coruña) para la lucha contra el cáncer, en el que la SGAE recaudó 542 euros; festival teatral de niños discapacitados celebrado en el pueblo segoviano de Fuentepelayo, del que se llevó 518 euros; Encuentro Municipal de Villancicos escolares organizado por el Ayuntamiento de Valencia, al que la SGAE reclama 492 euros; etc., etc., etc.

Y tenéis la desfachatez de presumir de que “los socios de la SGAE creen en el derecho de autor solidario y responsable”

¿Es esto a lo que llamáis ánimo de lucro, Teddy, a recolectar fondos para salvar vidas?

Decís que no tenías otra salida; que la ley es la ley y hay que cumplirla; que eran los autores de las canciones que canta Bisbal los que tenían que haber cedido los derechos de autor para esta causa; que vosotros sólo ejecutáis lo que está mandado; pero lo que está mandado no es justo, y si no es justo, habrá que cambiarlo, ¿no crees, Teddy?

Me sobreviene la novela “Los Miserables” de Víctor Hugo y la imagen de un inspector Javert con el rostro de Teddy Bautista. ¿Te identificas, Teddy?

A vuestro catálogo de atrocidades sumáis otro dislate: el derecho a la vida sellado con copyright. Una indecencia.

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